No espere, confíe en Dios

Pero no basta con oír el mensaje; hay que ponerlo en práctica, pues de lo contrario se estarían engañando ustedes mismos. Santiago 1:22 (DHH)

Si un hombre detiene su vehículo en la vía de un tren, que se aproxima rápidamente, podría tener dos opciones, siempre que quiera vivir. Podría permanecer en su vehículo y seguir intentando arrancar el vehículo o podría abrir la puerta y correr.

Sí usted realmente lo piensa, él tiene una tercera opción. Él podría posponer las cosas. La dilación, como cualquier elección, trae consecuencias.

Con frecuencia pensamos que cuando posponemos algo, solo demoramos una decisión. En realidad, la postergación siempre implica descuido o pereza. Cuando tenemos dilación, no es porque no tengamos acceso a suficiente información para tomar una decisión. Con frecuencia, ya sabemos qué hacer. Simplemente no tenemos ganas de hacerlo por una u otra razón.

Algunos han hecho de la postergación un hábito. Cuando se trata de tomar una decisión, con frecuencia ellos esperan hasta que es demasiado tarde, se piensa que de alguna manera las cosas se harán por sí solas. Esto nunca sucede. Las personas que postergan las cosas, no saben que, al no tomar una decisión, están tomando una decisión. Su falta de acción generalmente tiene consecuencias negativas, especialmente a largo plazo.

Santiago nos dice que, si no comenzamos a actuar de acuerdo con lo que aprendemos en la Palabra de Dios, solo nos engañamos a nosotros mismos. Tome la decisión de obedecer de manera instantánea la Palabra. No espere sólo confiar en Dios. ¡La obediencia comenzará a hacer que su vida se mueva en nuevas y emocionantes direcciones!