El mismo, en su cuerpo, llevó al madero nuestros pecados, para que muramos para el pecado y vivamos para la justicia. Por sus heridas ustedes han sido sanados.
1 Pedro 2:24 (NKJV)
En los últimos días hemos estado hablando sobre el poder de la resistencia positiva.
Nosotros como creyentes estamos facultados para resistir lo que no es de Dios. Tenemos un espíritu de fe dentro de nosotros, así que no importa lo que venga contra nosotros, tenemos el poder de resistir y vencer.
Por ejemplo, nosotros no tenemos que ceder a la enfermedad. Cuando algo está atacando nuestros cuerpos, a veces podemos comenzar a hacer que la enfermedad forme parte de nuestra identidad. Nosotros empezamos a referirnos a ella como “mi artritis” o “mi cáncer”.
Cuando empezamos a hacer de la enfermedad una parte de nosotros, nos estamos sometiendo a ella. Dejamos de resistirnos.
Podríamos pensar que sólo estamos siendo realistas cuando aceptamos nuestra situación, especialmente si los médicos nos han dicho que tendremos que vivir con la condición por el resto de nuestras vidas. ¡Pero nunca debemos someternos a decir o creer que “no hay esperanza!”
Sí, la enfermedad todavía lo empujará de vez en cuando y usted puede tener que ocuparse de la enfermedad. Cosas suceden en este planeta que no siempre podemos explicar. No estoy diciendo que usted debe resistir la ayuda médica o fingir que la enfermedad no está allí. Hay veces en que los tratamientos o la cirugía son necesarios, y eso está bien. Lo único que digo es que no acepte la enfermedad como algo normal, como si fuera una parte suya.
Resista esas mentiras del diablo, y la Palabra promete que el huirá. ¡Sométase a la verdad de la Palabra de Dios, porque esta dice que por las heridas de Jesús, usted fue sanado!
