No se quejen, como lo hicieron algunos, y sucumbieron a manos del destructor.
1 Corintios 10:10 (NKJV)
Hemos estado en una serie en este devocional hablando de lo que nosotros como creyentes debemos resistir en la vida. Tenemos el poder de resistir la tentación de cambiar nuestra moral, nuestros estándares, lo que creemos, lo que defendemos y todo lo que nos impide tener lo que Dios nos ha prometido en Su Palabra. El problema es que a veces pensamos que estamos resistiendo estas cosas cuando realmente no es así.
Quejarse no es lo mismo que resistirse. A menudo pensamos que si nos estamos quejando por algo, estamos expresando nuestra posición en contra de eso, pero la sola queja es una forma de sumisión. Cuando todo lo que usted hace es quejarse, lo que estamos diciendo es: “No me gusta esto, pero no voy a hacer nada para cambiarlo”.
De hecho, el quejarse crea un corto circuito en su fe, y el versículo de hoy advierte que esto tiene consecuencias. Se refiere a cuando los hijos de Israel se quejaron en su camino a la Tierra Prometida y se desató una plaga que mató a 14.700 personas. (Ver Números 16:41-50.) No es que Dios nos castigue por quejarnos, pero cuando nos quejamos, significa que no tenemos fe, y necesitamos tener fe para caminar en las promesas de Dios.
En lugar de quejarse, declare las promesas de Dios. Si otros se están aprovechando de usted, fije límites y adhiérase a ellos. Por ejemplo, si sus hijos están haciendo desorden en su casa, establezca expectativas y consecuencias claras. Para experimentar el poder de la resistencia positiva, tenga esta actitud: “Puede que no me gusten las cosas tal como son, pero creo que Dios me ha dado el poder de cambiar las cosas, así que voy a poner un poco de esfuerzo y yo voy a hacer las cosas diferentes!”
