Con respecto a la vida que antes llevaban, se les enseñó que debían quitarse el ropaje de la vieja naturaleza, la cual está corrompida por los deseos engañosos; ser renovados en la actitud de su mente; y ponerse el ropaje de la nueva naturaleza, creada según Dios, en verdadera justicia y santidad. Efesios 4: 22-24 (NKJV)
El corazón es un canal. A través de él, las promesas de Dios fluyen en su vida.
Su corazón conecta a su espíritu con su realidad mundana. Como creyente, el Espíritu Santo dentro de su espíritu sostiene todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad (2 Pedro 1: 3), por lo que su espíritu está lleno de vida, curación, alegría e integridad. Pero la condición de su corazón puede ser que le esté impidiendo conseguir todas esas cosas en su vida.
Ahora, cuando digo condición de su corazón, no estoy hablando acerca del pecado. Estoy hablando de creencia. Si usted no está experimentando una promesa, eso no es un reflejo de su moralidad o que tan bien está usted con Dios. No es que Dios se ha rendido con usted o no lo ama. No es que haya algo mal en usted. Usted ha nacido de nuevo, por lo que está bien con él. ¡No hay nada que le separe de Dios!
Pero… ¡todos estamos trabajando en las creencias de nuestro corazón! Ninguno de nosotros está experimentando todas las promesas de Dios en su máximo alcance. Esto no es para sentirse condenado. Es un proceso que consiste en llevar su vida al siguiente nivel, ya sea en su salud, emociones, negocios o relaciones. Y la Palabra de Dios puede ayudarnos a cambiar de un nivel de gloria a otro.
En la medida en que la Palabra de Dios comienza a renovar su mente, su corazón se alinea. Le enseña sobre quién es usted en Cristo, y que desde usted fluirá la sanación, poder, paz y alegría de Dios.
