Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Hebreos 12: 2
Mañana es Viernes Santo, el día en que recordamos el sacrificio de Jesús por nosotros. Pero, ¿qué significa este día? ¿Se supone que debemos pasar el día sintiéndonos culpables por lo que Jesús tuvo que pasar?
Si eso es lo que Jesús quiere, si quiere que nos demos una paliza por lo malos e indignos que somos, entonces, ¿cómo explicamos el versículo de hoy?
Jesús se sacrificó por nosotros voluntariamente y lo hizo con ALEGRÍA.
Eso suena extraño, ¿no? ¿Cómo pudo Jesús estar contento con lo que pasó? Bueno, vamos a mirarlo desde otra perspectiva.
Las madres sacrifican tiempo, energía, sueño, carreras, tiempo con amigos y así sucesivamente la lista sigue. Pero, ¿las mamás lo andan refregando para que sus hijos se sientan culpables? ¿Quieren que sus hijos se sientan mal por los sacrificios que hacen? Algunos podrían, pero creo que muchas madres dirían: “Lo haría todo de nuevo porque tú vales mucho para mí”.
Estas madres hacen sacrificios voluntariamente por amor. Jesús hizo lo mismo.
En el Día de la Madre honramos a nuestras madres, en parte por los sacrificios que han hecho por nosotros. La mayoría de las mamás no quieren que sus hijos pasen el día sintiéndose culpables por ello, pero aprecian las gracias. Creo que el espíritu del Viernes Santo debe ser el mismo.
Jesús se sacrificó por nosotros porque nos ama. Celebremos ese ¡amor! Agradezcámosle por él, no por obligación o culpa, ¡sino por reconocimiento porque él quiere que disfrutemos de manera abundante de la vida que él hizo posible para nosotros!

